No. Un no gigante, así, con todas las letras; N- O, no. No me insistas más. Bueno, esta bien, un beso. Ya está, ¿listo? ¿Estás contento ahora? Dejame tranquila, por favor. Sabés que sí te quiero. No me toques, si me tocás grito, te lo juro. No me importa que venga tu mamá, no me importa si le tengo que explicar que grité porque me estás queriendo tocar. Dale, no seas así. Ya está, ¿no te dás cuenta? Estoy con otra persona, ¿está bien? es eso. No quiero arruinar las cosas con él. ¿Qué? ¿Te ofendés? Buenísimo, ahora paso a ser yo la hija de puta, después de todo lo que me hiciste vos a mí. No me voy a ir, no me importa que no quieras hablarme. Mirame, esperá, no te vayas, dale, si sabés que te amo, perdón, es que sufrí tanto. No te vayas, mirá, me puse el corpiño que te gusta, dale. ¡DIEGO, PARÁ, NO SEAS ASÍ! Ay, hola Martha, ¿Cómo estás?, ¿qué tal, Raúl? perdón, vieron como es Diego, se ofende, me deja hablando sola. ¡Qué vergüenza! perdón, salí así porque se me cayó un té encima de la remera y me estaba quemando. No, Martha, dejá no hace falta, la taza ya la lavé. Por la remera no te preocupes. Me voy. Gracias. Ay, sí, tenés razón, sigo en corpiño. Perdón, Martha pero ¿me queda feo? ay, ya sé, nada que ver preguntarte algo así pero ¿me hace buenas tetas? sí, tenés razón, Martha, mejor me voy. Decile a Diego que me llame.