miércoles, 14 de julio de 2010

Te vi enfrente mío y quise darte un beso. Mientras me acercaba, un sacudón fuerte me despertó y en un segundo desapareciste. Ahí me quedé, en medio de la noche dando un repaso a las circunstancias. En seguida me vinieron mil razones para estar con vos; los besos, abrazos (de un solo brazo, de dos, fuertes y suaves). Todos tus gestos; desde la vuelta que le das al “rectángulo plástico” del telepeaje antes de pasar por las cabinas, hasta el “esteee” de cuando estás pensando qué decir. El juego de las canciones y la mímica, el ruido de la mini-pimmer cuando te preparás la chía, tal como te lo dijo Augusto, el micrófono hecho de mano al que siempre le di besos, la forma de comer en dos bocados un plato entero y levantarte instantáneamente de la mesa apoyando un pie sobre la silla, los mates de la mañana y de la tarde, los tragos que me hacés a la noche, las caricias en el pelo cuando me acuesto en tus piernas, los masajes de Sergio, los chocolates con sorpresa, la planchita que volvió sola de Salta, el bungee juntos, las salinas, todo México, despertarme en medio de la noche, tener miedo y pegarme mucho a vos, todos nuestros miércoles de comida y vino y besos. Ver the office, lost, flashfoward, algo, lo que sea pero verlo juntos y reirnos mucho. Todo lo que me das.