Desde chiquita que tengo la manía de D E S A R M A R las cosas. Abría los juguetes buscando respuestas. Querìa saber qué era lo que los hacìa F U N C I O N A R, quería C O M P R E N D E R. Lo mismo me pasaría, con los años, con la comida, algo que, en parte, reafirmó mi preferencia por las verduras. Más tarde, esta
conducta desmenuzadora se trasladaría también a mis relaciones personales, buscando siempre
ver más allá del discurso del otro. Con esta teoría, casi psicoanalítica, tropecé temprano con una cruel realidad;
en el fondo no hay nada, es sólo fondo. Lo peor, fue darme cuenta que una vez que llegás,al que desde ahora dí en llamar
F A L S O F O N D O, es imposible volver atrás, imposible clickear UNDO. Me quedo mirando la mesa cubierta de cada una de las partes de lo desarmado, queriendo saber cómo volver a
hacer UNO de esa cantidad de NADAS SUELTAS. Ya es tarde, me conformo con haberlo visto de adentro, con reconocer partes duras y partes blandas, separarlas por colores. Ya no volverá a ser juguete, ni carne, ni persona, y yo sé eso. Me siento y escribo, pero no me digo que los textos son palabras, la palabras letras, las letras formas, las formas... Porque empiezo de nuevo el ejercicio del desarme y todo pierde sentido, porque en el fondo no hay nada,
ES SÓLO FONDO.