martes, 27 de julio de 2010

Mi hogar se transformó en un lugar adónde no quiero estar. Los momentos en que me encuentro en Bonpland 1956, 1º 10, siento una distancia infinita. No me reconozco en ninguna de esas habitaciones, esa ya no es mi cama, esos no son mi muebles. Llegar a Bonpland y subir la escalera, me da frío en la espalda y en la nuca. Me hace sentir que estoy viviendo la vida de alguien que murió. Tengo los recuerdos de haber sido una persona distinta. Tengo miedo de no volver a ser nunca más la dueña de ese espacio, de esa mesa y esas sillas, de este cuerpo que me incomoda en cada paso, que lo siento repartido, armado de collage, absurdo y lejano. Tengo miedo de nunca poder ser otra mejor que ésta, que tiene miedo del eco en el primer piso de palermo, desinterés por todo lo cotideano. Estoy desfamiliarizada de mi vida, y mi síndrome de hastío se propaga, lo siento en cada de uno de los rincones dónde una vez fui protagonista. A la tarde me fui a lo de Juani a tomar el té. Nos juntamos con Sol (Sonsoles, es el nombre) y me dijo algo que me dió un poco de claridad. Le conté que tenía muchas ganas de hacer de mí alguien nuevo, de cero, que siento que siempre que la vida me parte a la mitad me desgenero, me pierdo y me reinvento en alguien nuevo. Me dijo que creía que ese el proceso que hace la gente cuando se separa. Que todo lo que pusimos en el otro se queda ahi, que es necesario el rearmado para seguir. Lo cierto es que aunque no esté lista tengo que hacerlo. Todavía no sé muy bien cómo empezar. Quiero moverme de donde estoy.

1 comentario:

Anónimo dijo...

bompland.... y costa rica?