Te busqué en plazas con gente y sin gente, en lugares familiares y desconocidos, en esquinas y horarios incómodos. Armé una grilla con los horarios del tren. Me fijé en todas las ventanillas del subte y, después que me dijeran que no tenía sentido, y de asumirlo, te encontré. Te rogué que no me sueltes, que te pegues a mi mano pero me miraste con cara de "despedidaparasiempre". Ahi, solita, me quedé.
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