viernes, 19 de febrero de 2010

Mala señal

Entonces me siento, por fin, al lado tuyo. Me cuido de no estar abriendo demasiado las piernas aunque de a ratitos me olvido y se me viene enseguida la cara de mi abuela inglesa. En un movimiento, espástico, las junto mientras miramos los dos que no se suba la pollera. No digo nada. Vos hablás y sos gracioso, yo te miro y pienso en qué ganas de darte un beso y que no me importe nada pero algo me frena. Quiero contarte cosas pero no me sale nada, ni un puto comentario interesante, nada de nada. Por qué puedo ser relajada sólo con los flacos que no me importan. Pienso y pienso algo para que te des cuenta que no soy una tontita, que tengo un humor copado, pero sigo mirándote y vos me mirás y me doy cuenta que es hora de chapar pero de nuevo la fuerza que me chupa para atrás, que me dice que no esta bien, que no puedo, no, no, NO!!!. Vos me mirás, me seguís con la mirada el movimiento de las piernas, yo cada tanto te toco "sin querer" un brazo, o te agarro la mano y vos me clavás los ojos como apurando el beso y yo evado, una vez más. Es la hora de quedarse o de irse. Nos levantamos de a uno del sillón y caminamos por el pasillo oscuro. Yo voy adelante y camino rápido sin dar márgen (ya me estoy arrepintiendo) vos te pegás a mi nuca. Puerta, abrazo dubitativo y veinte escalones por delante. Siempre pero siempre, elijo mal.